El Festival da Canção se divide en dos almas… y ahí está su fuerza

Hay festivales que intentan gustar a todo el mundo al mismo tiempo.
Y luego está el Festival da Canção, que hace justo lo contrario… y por eso funciona.
La edición de este año ha decidido separar claramente sus dos semifinales, no por capricho, sino por identidad. Dos noches, dos climas musicales distintos y una sensación bastante reconfortante: aquí no hay una única manera correcta de hacer canciones.
Primera semifinal: riesgo, mezcla y personalidad
La primera semifinal, prevista para el sábado 21 de febrero, es la que invita a salir de la zona de confort.
Agridoce, Evaya, Marquise, Djodje, Dinis Mota, Bateu Matou, André Amaro y Nunca Mates o Mandarim conforman un bloque donde conviven pop, electrónica, indie y canción alternativa sin pedir permiso. Es una noche pensada para quien disfruta cuando una canción no se entiende del todo a la primera.
Aquí hay propuestas con carácter, con lenguaje propio y con voluntad de experimentar. Algunas dividirán opiniones. Otras crecerán con las escuchas. Y alguna, probablemente, se quedará rondando la cabeza más tiempo del esperado.
No es una semifinal cómoda. Y esa es exactamente su gracia.
Segunda semifinal: raíz, emoción y escucha atenta
La segunda semifinal, que llegará el sábado 28 de febrero, baja el volumen… pero no la intensidad.
Bandidos do Cante, Cristina Branco, Inês Sousa, Sandrino, Jacaréu, Francisco Fontes, Gonçalo Gomes y Rita Dias dibujan una noche mucho más introspectiva, donde la tradición dialoga con el presente sin nostalgia impostada.
Aquí la canción de raíz, el cante y las propuestas más íntimas ocupan el centro. No hay fuegos artificiales innecesarios. Hay voz, letra y emoción. Y eso, bien hecho, también es un riesgo.
Es una semifinal para escuchar con calma. Para dejar que las canciones respiren.
Dos noches, un mismo propósito
Lo interesante no es decidir cuál de las dos semifinales es “mejor”. Lo interesante es que cada una tiene sentido por sí misma.
El Festival da Canção no intenta homogeneizar ni forzar una narrativa única. Acepta que la creación musical en Portugal es diversa, contradictoria y rica en matices. Y la presenta tal cual.
En tiempos de fórmulas rápidas y tendencias clónicas, eso es casi un acto de resistencia.
Dos noches. Dos miradas.
Y un festival que sigue demostrando que la música, cuando se trata con respeto, no necesita gritar para hacerse notar.
Fuente: RTP