Montenegro pasa del inglés y se planta en Viena con su idioma (y con razón)

En Eurovisión hay modas que van y vienen, pero hay una que parece eterna: ganar la preselección… y anunciar a los cinco minutos que habrá “versión en inglés”.
Pues bien, Montenegro ha decidido no jugar a eso en 2026.
Tamara Živković, ganadora del último Montesong, ha confirmado que “Nova Zora” se interpretará en montenegrino en Eurovisión, sin traducciones de emergencia ni giros de última hora para “gustar más fuera”.
Y no, no lo dice como quien pide perdón. Lo dice como quien lo tiene clarísimo.
Una decisión pequeña que, en Eurovisión, es enorme
Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En un festival donde el inglés domina con comodidad, mantener el idioma propio es casi un acto de carácter.
Tamara lo tiene claro: habrá versión en inglés, sí, pero solo como gesto de agradecimiento a los eurofans internacionales. En el escenario de Eurovision Song Contest 2026, la canción llegará tal y como nació.
Porque, según explica, “Nova Zora” no es solo una melodía: es un mensaje, una identidad y una intención que no se traduce igual sin perder algo por el camino.
De quedarse a las puertas a llegar con las ideas claras
La historia tiene más mérito si miramos atrás.
Hace dos años, Tamara pasó por Montesong casi de puntillas. Su canción anterior no conectó con el público y el resultado fue discreto, sin épica ni titulares.
Esta vez, el panorama era distinto desde el principio. “Nova Zora” apareció entre las favoritas desde que se publicaron las canciones y acabó ganando con 22 puntos combinados de jurado y televoto, una diferencia cómoda que no dejó mucho espacio para teorías conspirativas.
Aun así, ella misma admite que el momento de la victoria fue extraño. No euforia inmediata, sino ese segundo de silencio interior en el que el cerebro tarda en entender que sí, que ahora va en serio.
Eurofan de las de verdad
Tamara no llega a Eurovisión por casualidad. Lo cuenta como lo cuentan muchos artistas balcánicos: no recuerda exactamente el primer año que vio el festival, pero sí recuerda la sensación de “yo quiero estar ahí”.
No como objetivo de marketing, sino como imagen mental persistente. De esas que no se van aunque el primer intento no salga bien.
Por eso, cuando habla de Viena, no suena impostado. Suena a alguien que lleva tiempo esperando este escenario.
El idioma como parte del mensaje
“Nova Zora”, compuesta por Boris Subotić, habla de transformación, de liberarse de lo que pesa y de afirmarse como mujer y como artista. Tamara define la canción como una pequeña revolución íntima.
Y ahí el idioma importa.
Según ella, cantar en montenegrino no es un gesto folclórico ni una nostalgia vacía. Es coherencia. Traducirla para Eurovisión sería suavizar algo que no quiere ser suave.
¿Críticas? Las justas
Como siempre, tras la victoria llegaron los comentarios. Algunos cuestionaron el resultado, otros se fijaron en detalles vocales del directo. Tamara lo ha gestionado con una tranquilidad poco habitual.
Reconoce que es perfeccionista, pero también que cantar y bailar a la vez era nuevo para ella. Y añade algo muy eurovisivo: el público no solo escucha, también mira y siente. El impacto es un todo.
Los números en plataformas y la respuesta del público, dice, hablan por sí solos.
Viena espera, en montenegrino
De cara a Viena, el plan es claro: mejorar la puesta en escena, pulir el concepto visual y mantener la idea central de transformación. El idioma no se toca.
Con 35 países compitiendo y el escenario de la Wiener Stadthalle como destino final, Montenegro no llegará gritando para que le entiendan.
Llegará hablando su idioma.
Y confiando en que, en Eurovisión, la emoción no necesita subtítulos.
A veces, no cambiar nada es la decisión más valiente de todas.
Fuente: cdm