Artistas belgas alzan la voz contra Eurovisión 2026: “La neutralidad ya no es creíble”

El debate sobre Eurovisión 2026 ha dejado de ser cosa de eurofans intensos y comentarios en redes. Esta vez, viene desde dentro del propio mundo cultural belga.
Un colectivo de artistas y profesionales de la cultura ha publicado una carta abierta en la que critica duramente la participación de Israel en Eurovision Song Contest 2026 y pide a Bélgica que reconsidere su presencia en el certamen. El anuncio de que Israel volvería a competir fue, según explican, el detonante. No por sorpresa, sino por hartazgo.
La comparación incómoda que nadie consigue esquivar
El texto pone sobre la mesa una comparación que lleva tiempo flotando en el ambiente eurovisivo. En 2022, tras la invasión de Ucrania, la Unión Europea de Radiodifusión actuó con rapidez y expulsó a Rusia del concurso en cuestión de horas.
Hoy, sin embargo, Israel sigue participando pese a lo que el colectivo describe como una situación humanitaria extrema y prolongada en Gaza. Para quienes firman la carta, no hay espacio para matices: esta diferencia de trato rompe por completo el discurso de neutralidad que defiende la organización.
Y cuando la neutralidad deja de ser coherente, empieza el problema.
RTBF y VRT, en el punto de mira
La crítica se dirige directamente a RTBF y VRT, responsables este año de elegir al representante belga en Eurovisión.
Mientras otros países como España, Irlanda, Islandia, Países Bajos o Eslovenia han expresado dudas o incomodidad con su participación, las dos cadenas públicas belgas han optado por seguir adelante. Para el colectivo, esta decisión supone un fallo ético grave por parte de medios que, recuerdan, tienen una misión de servicio público.
Dicho sin rodeos: quedarse no es un gesto neutral cuando las reglas parecen aplicarse según convenga.
Cultura como escaparate y “art-washing”
Uno de los puntos más contundentes del texto es la acusación de “art-washing”. Según el colectivo, Israel utiliza desde hace años grandes eventos culturales para suavizar su imagen internacional y desviar la atención de políticas de ocupación, colonización y apartheid.
En este contexto, participar en Eurovisión permitiría proyectar una imagen de normalidad y modernidad mientras la violencia continúa. Para quienes firman la carta, esto no ayuda a las voces pacifistas dentro de Israel, sino que refuerza la idea de que no hay consecuencias reales.
Cuando decir “no politizar” ya es una decisión política
El colectivo también desmonta el argumento clásico de la UER: mantener la política fuera de Eurovisión. Aceptar la participación de Israel, dicen, es ya una decisión política, especialmente cuando su cadena pública KAN depende directamente del gobierno y reproduce su discurso oficial.
El arte y la cultura pueden tender puentes, sí. Pero solo cuando se sostienen sobre valores humanistas y universales. Según los firmantes, ese marco no existe cuando se permite que un Estado acusado de crímenes graves utilice uno de los mayores escenarios culturales de Europa.
Un llamamiento claro
La carta concluye con una petición directa: la RTBF debería suspender su participación en Eurovisión 2026 mientras Israel siga siendo bienvenido al concurso.
No lo plantean como un gesto simbólico ni como una provocación, sino como una cuestión de coherencia y responsabilidad. De alinear valores y decisiones. De no normalizar lo que consideran inaceptable.
Eurovisión lleva décadas vendiéndose como un espacio de unión.
Los artistas belgas ahora preguntan algo incómodo: ¿unión para quién y a qué precio?
El debate ya no es teórico.
Y, esta vez, tampoco es silencioso.
Fuente: La libre