Alemania entra en zona roja: la participación en Eurovisión 2026 podría saltar por los aires

Mañana y el viernes habrá la Asamblea General de la UER, Alemania se ha convertido en el invitado inesperado al drama continental. Si en las últimas semanas la atención mediática se centraba en España, Irlanda, Islandia o Eslovenia, ahora es Berlín quien empieza a deslizar, aunque sin decirlo en voz alta, que su continuidad en Eurovisión 2026 podría tambalearse si Israel queda fuera del certamen de Viena.

La tensión se palpa desde hace meses, pero esta última semana ha sido reveladora. El debate sobre la participación israelí, que parecía un asunto de geometría variable entre televisiones públicas, ha escalado de golpe hasta los despachos políticos más altos de Alemania, un país que hasta ahora jamás había cuestionado ni su presencia ni su apoyo a la competición musical más vista del planeta.

La política alemana se mete de lleno en la guerra del ESC

El detonante llegó cuando el secretario de Estado de Cultura, Wolfram Weimer, emitió un comunicado insólitamente contundente defendiendo que Israel debe seguir participando en Eurovisión. No era una opinión al vuelo, sino un aviso calculado: excluir a Israel, según el responsable político, sería “un ataque a la libertad cultural en Europa”.

Que un Gobierno entre abiertamente en el barro eurovisivo ya sería noticia; que lo haga Alemania, con su peso institucional y simbólico, convierte el asunto en un terremoto. Y en las cadenas públicas alemanas el mensaje se ha entendido perfectamente: si Israel cae, el Bundestag querrá explicaciones. Y si no las obtiene, la presión para que la ARD “responda” podría ser insoportable.

La ARD, paralizada: ni confirma ni desmiente

Mientras los titulares hierven, la posición de la televisión pública alemana es… silencio. Ni compromiso con 2026, ni desmentidos, ni entusiasmo. Nada. Solo una calma tensa que, según varias fuentes internas, oculta lo evidente: la ARD espera la decisión de la UER como quien mira una bomba a punto de estallar.

Todos los planes del preselección alemana están congelados. No hay casting, no hay anuncios, no hay señales de vida. Quien pregunta recibe siempre la misma respuesta: “Hasta después de la Asamblea no habrá decisión”.

En otras palabras: Alemania no sabe si seguirá en Eurovisión.

La EBU decide esta semana… y todo puede romperse

La reunión del 4 y 5 de diciembre en Ginebra no solo decidirá el futuro de Israel en el festival. También, irónicamente, podría decidir el de Alemania. Si la UER opta por mantener a Israel, varios países amenazan con marcharse. Si lo expulsa, Berlín se encontrará atrapado en un dilema político que no quería tener.

Y lo dolorosamente irónico es que Alemania jamás ha faltado al festival. Ni por guerras, ni por boicots, ni por crisis internas. Sería la primera retirada voluntaria en 70 años de historia. Y todo por un conflicto que comenzó muy lejos de los escenarios eurovisivos… pero que está desangrando a la UER como nunca antes.

Un festival al borde de un cisma sin precedentes

La posición alemana no solo es simbólica; es estratégica. Alemania es miembro fundador, uno de los principales financiadores del certamen y uno de los pilares del Big Five. Su marcha dejaría un agujero que ninguna televisión podría tapar fácilmente.

Y eso la UER lo sabe.

Pero también sabe que mantener a Israel dentro podría desencadenar un boicot en cadena que incluya a España, Irlanda, Eslovenia o Islandia. En resumen: haga lo que haga, la organización perderá algo.

Este jueves y viernes, Ginebra decidirá si Eurovisión sigue siendo un festival de música… o un campo de batalla diplomático imposible de gestionar.

Alemania observa. Europa aguanta la respiración. Viena 2026 podría convertirse en el año en que todo cambió.

Fuente: Reuters/Esc-kompakt

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