Yuval Raphael habla sin rodeos tras Eurovisión 2025: boicots, miedo y el precio de no callarse

Photo: Sarah Louise Bennett (EBU)

Después de Eurovisión, lo habitual es hablar de números, de conciertos, de “nuevos proyectos ilusionantes”.
Yuval Raphael no ha ido por ahí.

La representante de Israel en Eurovisión 2025 ha concedido una entrevista extensa al Daily Mail, y lo que cuenta tiene poco de promo y bastante de desgaste acumulado. Habla de su carrera, sí. Del nuevo EP, también. Pero sobre todo habla de lo que ha pasado desde que bajó del escenario.

Y no es cómodo de leer.

“No es valentía. Es miedo a dialogar”

Por primera vez, Yuval Raphael se refiere de manera directa a los países que han decidido boicotear Eurovisión por la participación de Israel. Y lo hace sin el lenguaje acolchado que suele acompañar estos temas.

Bajo banderas de “justicia” y “moralidad”, dice, hay estados que optan por la exclusión colectiva y lo llaman valores. Para ella, eso no reduce el conflicto ni protege a nadie. Lo único que hace es alimentar más rechazo.

“El boicot duele de ver”, afirma. Y lo describe como una versión reducida de lo que Israel vive a nivel internacional. Países que eligen apartar en bloque, insiste, no están siendo valientes. Están evitando hablar.

No es una frase pensada para gustar. Es una frase pensada para dejar claro dónde está.

Eurovisión no es el problema

Raphael también desmonta una idea que se ha repetido mucho este último año: que la presencia de Israel “rompe” Eurovisión.

“Israel no destruye Eurovisión”, dice. “Quien boicotea lo hace consigo mismo”.

Su argumento va más allá de la política. Habla del público. De millones de personas que siguen el festival por la música, por la emoción compartida, por una experiencia que, con todas sus contradicciones, sigue siendo colectiva.

Negar eso, sostiene, es atacar el núcleo mismo de lo que Eurovisión dice representar.

El gesto de Nemo y la música convertida en declaración

En la entrevista también aparece Nemo, ganador de Eurovisión 2024, que decidió devolver su trofeo como protesta por la participación de Israel.

Raphael no esconde su desconcierto. Para ella, el certamen en el que participó Nemo celebraba algo básico y valioso: la música. Convertir ese símbolo en una declaración política, dice, vacía el gesto de su sentido original.

No responde con ataque, sino con preguntas. ¿Cuánto investigaste? ¿Dónde miraste? ¿Hasta dónde llegaste?

Y luego lanza algo poco habitual en este tipo de debates: una invitación.
Quedar. Sentarse. Hablar.

Cuando el odio deja de ser abstracto

El momento más duro de la entrevista llega cuando Raphael habla de lo que vive al viajar fuera de Israel.

Los insultos, explica, los asume como ignorancia. Pero las amenazas son otra cosa. Mensajes que dicen “te estamos buscando”. Advertencias que ya no se quedan en la pantalla.

Eso, reconoce, da miedo.

El odio digital, dice, se ha filtrado a la vida real. Y los judíos se están convirtiendo en objetivo en distintos países. Su pregunta no es retórica ni grandilocuente: ¿qué han hecho los judíos en Australia para merecer eso?

Según ella, este clima no aparece de la nada.

Una voz que no quiere ser neutral

La entrevista de Yuval Raphael no busca convencer a todo el mundo. No intenta equilibrar posturas ni cerrar el debate con una frase bonita. Lo que hace es algo más simple y más incómodo: hablar desde dentro.

En un entorno eurovisivo lleno de comunicados prudentes y silencios estratégicos, Raphael ha decidido no esconderse detrás del papel de “artista apolítica”.

Guste o no, ha elegido decirlo todo con su nombre.

Fuente: Maariv

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