Fanny Biascamano ha muerto a los 46 años.

Hay noticias que no hacen ruido cuando llegan.
No saltan. No gritan. Simplemente se quedan ahí, pesadas.

Fanny Biascamano ha fallecido a los 46 años tras una larga enfermedad. Y aunque no fuera una artista omnipresente en los últimos años, su nombre sigue teniendo algo. Algo que aprieta un poco el pecho.

Porque Fanny no es solo “una exrepresentante de Eurovisión”. Para mucha gente es un recuerdo muy concreto.

Aquella niña que cantaba como si no lo fuera

En 1991, con solo 12 años, apareció en Sacrée Soirée cantando L’homme à la moto de Édith Piaf. No fue una actuación simpática. No fue una curiosidad televisiva.

Fue inquietante.

Una voz grave, segura, adulta. De esas que hacen callar una habitación. El single se vendió por millones en Francia y Canadá. Millones. Y de repente, aquella niña ya no era solo una niña con talento. Era alguien conocida por todo el mundo.

Al año siguiente publicó su primer álbum, Fanny, que fue disco de oro. Todo fue muy rápido. Como suele pasar cuando el foco se enciende demasiado pronto.

Eurovisión 1997, sin aspavientos

En 1997 representó a Francia en el Festival de Eurovisión con Sentiments songes. Quedó séptima. Un muy buen resultado.

Pero lo que se recuerda no es la clasificación. Es el tono. La ausencia de artificio. La sensación de que estaba ahí para cantar, no para demostrar nada.

Es una de esas actuaciones que no envejecen mal. Al contrario, hoy se siente todavía más honesta.

Elegir otro camino

Después de Eurovisión, Fanny siguió cantando, actuando, girando. Pero nunca pareció interesada en mantenerse constantemente en primer plano. Poco a poco, se fue desplazando hacia otros lugares.

Escribió libros. Publicó varios. El último, en 2019, fue un recetario centrado en la cocina del sur de Francia, con el pescado como protagonista. Una elección que dice mucho sin necesidad de explicaciones.

Vida más lenta. Más concreta. Más lejos del ruido.

46 años no es edad para despedirse

Fanny Biascamano ha muerto demasiado joven. Su familia ha anunciado que se le rendirá un último homenaje el 3 de enero en Sète, su ciudad natal. Datos reales, concretos, que hacen imposible tratar esto como una simple noticia cultural.

Fanny no fue una artista estridente.
No luchó por estar siempre visible.
No necesitó reinventarse cada dos años.

Pero se quedó en la memoria de mucha gente. Y por eso hoy duele más de lo que uno esperaba.

Algunas voces no desaparecen.
Solo se quedan en silencio.

Fuente: France bleu

También te podría gustar...

Deja una respuesta