Salvador Sobral también se lo planteó… pero no devolvió el trofeo: Eurovisión sigue tensando la cuerda

Eurovisión sigue avanzando hacia su 70º aniversario con más ruido de fondo que fuegos artificiales. La confirmación de la presencia de Israel en el concurso ha reabierto una grieta que no termina de cerrarse y que ya no se limita a debates en redes sociales o comunicados cuidadosamente redactados. Ahora son los propios ganadores quienes empiezan a hablar. Y eso ya es otra cosa.

Tras la decisión de Nemo, vencedor del festival del 2024, y de Charlie McGettigan de devolver sus trofeos en señal de protesta, el foco se ha desplazado inevitablemente hacia otros nombres históricos del palmarés eurovisivo. Entre ellos, Salvador Sobral.

Y sí, el portugués también lo pensó.

En una entrevista concedida a la emisora catalana,  RAC1, Sobral ha reconocido que llegó a plantearse seriamente devolver el micrófono de cristal que ganó en 2017. Sin embargo, finalmente decidió no hacerlo. No por falta de posicionamiento, sino por todo lo contrario.

“Esto no va de mí”, explica Sobral. “Va de la humanidad y de lo que está pasando en Gaza. Y sigue pasando cada día”.

El artista considera que devolver el premio habría añadido ruido, pero no soluciones. Un gesto potente, sí, pero vacío en términos reales. “No creo que ayudaría en nada”, admite con una lucidez que incomoda más que cualquier performance simbólica.

Cuando el problema no es Eurovisión… sino la coherencia

Sobral no se queda ahí. El cantante también ha revelado que ha rechazado la invitación de Eurovisión 2026, edición que celebrará el 70º aniversario del festival. Una negativa que no nace del desprecio al certamen, sino de una sensación de incoherencia difícil de digerir.

Por un lado, Eurovisión expulsó a Rusia en su momento. Por otro, mantiene criterios distintos en el actual contexto internacional. Y en medio, países como Portugal que organizan conciertos solidarios por Gaza… mientras siguen participando en el concurso como si nada.

“Eso me entristece”, confiesa Sobral. No enfadado. Triste. Que es bastante peor.

El músico reconoce que Eurovisión deja de interesarle cuando pierde el factor humano y se convierte en un escaparate donde las decisiones parecen responder más a equilibrios diplomáticos que a principios claros. No es una pataleta. Es desencanto.

Eurovisión ante el espejo

Lo que está ocurriendo no es anecdótico ni puntual. Que varios ganadores del festival, de generaciones distintas, empiecen a cuestionar públicamente al certamen debería encender más alarmas que cualquier trending topic. Porque Eurovisión siempre ha presumido de ser algo más que un concurso. Y cuando quienes lo ganaron dudan de ese “algo más”, el problema ya no es de imagen, sino de identidad.

La entrevista completa con Salvador Sobral podrá escucharse este sábado en La primera pedra de RAC1. Pero el mensaje ya está claro.

Eurovisión sigue adelante.
La pregunta es a qué precio y con cuánta humanidad en el equipaje.

Fuente: RAC 1

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